Enero

                                             Foto: Radio Grazalema

 

Enero amanece gélido tras los cristales. Se ha vestido de blanco inmaculado para estrenar el año; quizás así, sin manchar, quiere recordarnos que la esperanza debe seguir viva, alerta en cada esquina, en cada tejado. Los nuevos propósitos se amontonan en cada esquina. Mi perro se recuesta en el sofá, enroscado en su mantita, buscando el calor perdido. El humo de las chimeneas se vislumbra a lo lejos, gris oscuro, como queriendo quemar lo malo que el año que se ha marchado nos ha dejado. El mar se enfada, mostrando su cara más agresiva. Los pájaros se refugian en lo más profundo de los árboles perennes que conservan tristes sus hojas. No hay sol, y cuando aparece no calienta. La sonrisa tirita debajo de una mascarilla que ahora pareciera protegernos también del frío. Las manos no hacen castillos en el aire, se mantienen escondidas para abrigarse. Los pies se empeñan en dar pasos congelados. El café se enfría. La noche llega temprano. El tiempo se para, cogemos fuerzas. Y por eso, y otras cosas, me gusta enero…

Eterno Febrero: Momentos

Hoy os cambio los poemas por momentos. Momentos vividos, momentos que animan a seguir cogiendo la pluma para sentirse libre. Con apenas un mes de vida mi libro me ha enseñado que siempre merece la pena intentarlo, que la satisfacción de dirigir tus pasos hacia la ansiada meta, de empezar a caminar, siempre va a merecer la pena. He querido compartir con los lectores en el blog de Exlibric la experiencia del primer mes de vida de mi libro, las primeras impresiones, los primeros momentos vividos. Y también uno de los poemas que aparecen en el libro, que espero que os guste. También aprovecho para compartir con vosotros un reportaje y una entrevista que me han hecho sobre el libro, espero que os guste 🙂

ETERNO FEBRERO: ¡¡EL PRIMER MES!!

Ya hace un mes que Eterno Febrero vio la luz y he pensado que despedir el año compartiendo la experiencia de los primeros pasos de un libro  con los lectores podía ser una buena forma de ir cerrando 2020. Así que aquí estoy, queridos lectores, con la ilusión a flor de piel viendo como mi libro está dando poco a poco sus primeros pasos.

Recuerdo con especial cariño el día que el libro llegó a mis manos. Había trabajo con Exlibric durante meses en darle forma. Primero “las tripas” (el interior del libro), luego el diseño de la portada, las correcciones, los cambios de última hora… todo hasta conseguir la armonía, hasta convertir una idea en mente durante años en un boceto y un boceto en un archivo pdf. de lo que iba a ser, por fin, el libro de mis sueños. Desde entonces, lo había visualizado de mil formas diferentes en mi cabeza mientras esperaba el gran momento. Y llegó, porque todo llega aunque parezca que nunca va a llegar. El porterillo, mi perro ladrando, y una caja, cargada de libros, impregnada de sueños. Y ahí estaba, blanco inmaculado esperando a ser devorado por algún lector. Para convertirme en lectora de mi propio libro. Creo que esa es una de las mayores satisfacciones de un escritor, leer su propio libro, ser consciente de que lo que deambulaba por su cabeza es ya una realidad. Eterno febrero llegaba a mis manos un día cualquiera del último mes de un año muy malo para muchos y no muy bueno para mí. Pensé entonces que siempre se cuela algún rayo de luz en la tormenta. A partir de ahí, todo fueron experiencias….. leer texto completo

A continuación, os comparto el reportaje y la entrevista 🙂

Reportaje Diario de Cádiz

Entrevista Radio Grazalema

Relato. El trozo de papel

El día se apagaba en mi soledad otra tarde. En el suelo se amontaban las cervezas que me habían llevado de nuevo a otros mundos, a esos que plasmaba en mi papel para ser libre y que, para mi sorpresa, a todos encantaba. Era un escritor famoso, y eso me gustaba, por qué negarlo, pero, a veces, mi capacidad de análisis del mundo, y la frustración que esto causaba en mi subconsciente no compensaban mi fama.

Aquella tarde, tras el humo del enésimo cigarro de marihuana que se consumía en mis dedos, vislumbré una figura amarga que, lejos de dar miedo, helaba el alma mientras me invitaba a conocer su mundo de lujuria pagada con sufrimiento. El mismísimo diablo había venido a tomarse un café conmigo y me miraba mientras escribía estas líneas en un trozo de papel casi roto. Quiso asustarme con sus historias macabras que apenas inmutaban la comisura de mis labios. Apagué el “cigarrillo” y, con sus ojos fijos en mis manos, escribí aquellas líneas…

<<Vivo en un mundo donde una foto en bikini con unos pechos exuberantes recibe más halagos que unas líneas escritas desde lo más profundo del alma. Un lugar donde la moda impone lo que debemos ser y nuestra imagen lo que somos (o lo que no somos). Donde un beso se compra y un aplauso se vende al mejor postor. En un lugar donde se han perdido los valores, los principios, la dignidad y el respecto.

Vivo en un mundo donde el dinero justifica guerras, abusos, maltratos y hasta falsos amores. Donde ponemos precio a todo y valor… a nada.

Soy de un lugar donde los ojos se hicieron inmunes a la barbarie de tanto verla y el llanto se quedó grabado en las miradas tristes para siempre.

Un sitio donde ya no importa nada, salvo nosotros mismos.

Vivo en un mundo donde los niños quieren ser hombres demasiado pronto y los hombres… ya no saben ser niños. En un lugar de miradas perdidas que perdieron la luz que iluminaba el camino y ahora viven a la sombra de sus fracasos. En calles de nadie y miedos de todos.

Vivo en un mundo de cobardes, donde los valientes se esconden de ellos mismos. Donde las cabezas agachadas encorvan poco a poco la espalda hasta ponerse de rodillas para siempre. Vivo en un mundo donde la muerte…>>

–Silencio!!! Para de escribir de una vez -gritó una voz estridente que nubló el sol de la tarde, mientras golpeaba mi lápiz, que empezó a volar por la terraza-  ¿Quién está osando quitarme el dominio del mal?

Yo, lejos de asustarme de sus gritos… sonreí irónicamente (pues nada de todo lo que le había escrito me suponía goce alguno desde hacía tiempo).

–¿Quién? -respondí entonces- El hombre.

Y el mismo Lucifer explotó en mil pedazos frente a mis ojos.

Cuando desperté, una camisa de fuerza anulaba cualquiera de mis movimientos. Una voz de mujer intentaba calmarme mientras mi esposa lloraba alegando que me encontró gritando, corriendo por la terraza y diciendo que mis palabras habían matado al mismo demonio, y que ahora vivíamos en el infierno para siempre….

Yo… no entendía nada, pero había un trozo de papel en mis manos que olvidaba por completo que había escrito.

Sueños

Hubo un tiempo en que soñar era barato. Servía de moneda de cambio en cualquier bar, de una esquina cualquiera, intercambiando risas con los amigos. Era fácil imaginarse victorioso, feliz y dichoso en ese mundo de locos que apenas empezábamos a conocer. Bastaban unas cervezas para crear nuevos sueños, y no había apisonadora lo suficientemente fuerte para destruirlos. Los sueños nacían en un café de media tarde y se alimentaban de días interminables tras la ventana ¡Bendita juventud inocente en que te crees invencible!

Y un día, nunca sabes cuándo ni recuerdas el momento ni el porqué, los sueños empiezan a convertirse en sombras de días pasados. Desaparecen, sin más, bajo las mantas. Justo al calor de la almohada, en una noche de verano, exactamente igual que aquella que los vio nacer. Sueños perdidos que a veces se recuerdan, pero que ya, casi nunca se persiguen.

La vida nos va robando ilusiones y regalando compromisos que nos atan a unas cadenas de seda que fabricamos de sueños. Y solo unos pocos locos afortunados siguen soñando despiertos. Y así, se pasan los días, sin sueños que perseguir. Y la mirada se agacha y las sonrisas, se apagan. Y entramos en ese bucle conformista que nos mantiene vivos, quien sabe cómo. Quizás nos salve alguna sonrisa, unas manos, otros sueños que se vislumbran tras los ojos de la inocencia. Quizás, ya no nos salve nada.

Pero a veces un destello de lo que fue y ya no será nos recuerda que los sueños toman formas diferentes cuando crecemos, y que debemos mirar para poder ver. Porque siguen ahí, en cada sorbo de café por la mañana. En cada paseo en soledad. En cada canción de nuestra juventud que escuchamos un día cualquiera. Los que son de verdad, nunca se desvanecen. Tan solo cambian de forma. Y hay menos, pero son más fuertes. Y a veces se apagan, es cierto, pero siguen ahí, esperando que los encendamos de nuevo. Recordándonos que, si nos olvidamos de soñar, estamos perdidos. Así que párate y piensa… ¿Cuál es tu sueño? El mío tus ojos posados en mis palabras…. ¿me dejas seguir soñando?

La Pluma. Relato Corto

En aquel enorme museo, insignificante tras un cristal, yacía la pluma. La indiferente pluma que un dí­a fue la diosa de las palabras. Frente a ella, en una silla y atado a unas manos, ese odioso rectángulo de luces, colores y pitidos infernales al que todos se aferraban, ese que, a su parecer, se apoderaba del alma humana como si del demonio se tratase.

La sala empezó a llenarse de más de esos chismes esposados a los finos dedos que los sujetaban. Ella quedó detrás de la sala, olvidada de nuevo. Mientras miraba absorta la multitud que entraba casi sin percatarse de su presencia, recordaba, como si fuese ayer, su prioritario sitio en la mesa de aquel escritor de éxito. Aún sentía la frí­a tinta correr por sus venas, sentía la euforia de aquel que la convertía en sus manos para aquella creación que hoy pervive, precisamente, en esas frías pantallas, perdida por la inmensidad de eso que llaman la red (que ahora que lo pensaba, que mejor forma de llamar a eso que hoy los atrapa).

Se acordó entonces de su primer fiel compañero, el papiro, y también de ese blanco papel que relucía siempre que ella se alzaba. Uno se perdía en la sombra y el otro, sobrevive a duras penas entre mesas de escritorios y oficinas, pereciendo poco a poco. <<Yo, al menos, me conservo en un museo, se puede decir que he tenido suerte>>, pensaba.

De repente, aquella multitud que habí­a ocupado la sala empezó a ordenarse y el silencio volvía a retumbar en las paredes. La puerta se abrió y apareció una figura triste y cansada que le recordaba a alguien. Pronto entendió que aquella persona era el motivo por el que todos estaban allí (no iba a ser ella, eso por supuesto). Los pequeños (o grandes) rectángulos del infierno que tanto odiaba se alzaron hacía el protagonista de la sala, que sacó otro de esos odiosos rectángulos. Entonces empezó el juego. Tres palabras al azar, un poema, dibujado por aquel hombrecillo en esa fría pantalla. Recordó entonces aquella vela que alumbraba cada palabra a la que ella daba vida, los borrones y vuelta a empezar de cada noche, la magia. Curiosamente, la sensación de aquella sala era parecida, sólo que sin velas y sin borrones. Aquel hombrecillo hací­a algo hermoso, creaba melodía con sus manos, con su particular ella, que le ayudaba a unir letras unas con otras para que la melodía sonase y quedase inmortalizada en el tiempo para siempre. Otras tres palabras y nuevos versos, ante la mirada atónita de la multitud que guardaba cada instante en esos papiros virtuales. Y así, tres secuencias de palabras.

-«Y esto, queridos amigos, es la creación», dijo el hombrecillo.

Todos aplaudían y la pluma entendía que aquel hombrecillo triste fue quien tantas otras noches había renacido con ella de la mano. Y en ese preciso instante, la pluma se hizo invisible…

Cuando volvió a mirarse estaba en las manos de aquel hombrecillo triste que había encandilado a todos con sus palabras, convertida en una fría pantalla donde se dibujaban letras. Y entonces, lo entendió todo…había pasado a formar parte de esa evolución que tanto odiaba…

Relato corto. El poeta

El poeta, que entonces no era poeta, había soñado con la revolución muchas veces. Con banderas al cielo y gritos al aire. Soñaba con la batalla perdida, con esa que quita el poder a los necios y lo ofrece a los nobles de corazón, esa que ya, en los tiempos que corren, no osa ni tan siquiera a dar el pistoletazo de salida. Pero él quería alzar pancartas, quería correr, romper el sistema. Quería ser la voz del pueblo que callase las injusticias para siempre. El líder de una manada de lobos…

Sin embargo, pronto descubriría que no tenía lobos, sino ovejas, y que tampoco era lo suficientemente fuerte como para luchar. Y entonces, aquel hombrecillo triste, que todavía no era poeta, alzó su pluma que, aunque era débil, nunca callaba.

Con ella quiso ser el aliento de otros lobos. La palabra que empujara la lucha que nunca había sido capaz de llevar a cabo. Las letras que levantaran conciencias y hundiesen manos ladronas. El Dios de la libertad. Y fue entonces cuando las críticas encarcelaron sus manos como la noche encarcela el vuelo de la gaviota. Y se sintió fuerte, hastiado del mundo, pero fuerte. Sus palabras resonaban limpias, claras, en el fondo de su alma y en algunos corazones, como él, desgastados. Pidieron un cambio de todas las formas posibles, salvo de una, que no podía pedirse. Y hasta hubo algunos halagos y palmas. Pero el mundo no cambió con sus palabras, o al menos, no cambió a mejor.

Las críticas, ávidas de corazones ignorantes y conformistas que despertar, fueron muriendo poco a poco y el poeta fue naciendo. Y un 24 de junio, el fuego que prende el mar para purificar las almas, se apoderó de sus actos. Una tras otra fueron cayendo en la hoguera las noches de ira y rabia contenida. Su silenciosa lucha había llegado a su fin. Ante la mirada atónita de todos y los ojos penetrantes de aquella mujer hermosa, el poeta quemo todos sus escritos mientras lloraba. A sus 30 años, aquel hombrecillo triste, que ahora estaba aún más triste, había perdido la esperanza.

«Siempre es bueno empezar de nuevo. Pero también es bueno saber cuando debemos parar y cuando cambiar de zapatos. No vuelvas descalzo, por favor»

Cuando alzó la vista, aquellos ojos azules como el mar de la mirada penetrante de aquella mujer, le sonreían. A sus pies, unos zapatos y un cuaderno brillaban. Nadie se había percatado de la escena y el mundo seguía, ajeno en su mayoría, como siempre, a la poesía. Pero en aquel momento, nació el poeta.

Hoy, de nuevo 24 de junio, el poeta pasea con su cuaderno por la orilla del mar, tratando de recordar, una vez mas como, escribió aquel primer poema de su cuaderno que no recuerda…

 

Ojos azules que observáis morir mis sueños

al arder mis esperanza,

no decirle a nadie, ojos de luna,

la locura que me mata;

no decirle al mundo, ojos secretos

que ya… esto ni es mundo ni es nada

 

Jamás volvió a ver esos ojos azules, pero cada vez que los recuerda…nace un nuevo poema. Ahora sus críticas se disfrazan de un lenguaje mágico que solo las almas honestas de verdad, y los corazones sinceros, entienden. Y el poeta se siente en paz consigo mismo.

 

Comentario de la autora: Este escrito, aunque con algunos cambios respecto al original,

fue publicado en su momento en la web de Letras y Poesía,

me gusta tanto, que he decido rescatarlo para que aparezca publicado en este blog

El primer reto

Había elegido la asignatura de Escritura Creativa llena de ilusiones, pero también para intentar obligarse a escribir más a menudo, pues el tiempo le estaba robando los lápices de carbón que con tanto esmero había afilado durante toda su vida. La edad, le estaba robando las ilusiones de un sueño de adolescente que nunca vio la luz: ser escritora. Y aquella tarde estaba allí, esperando recibir órdenes cuando aquel joven de ojos azules entró por la puerta.

No quiero que os presentéis, no quiero aún que digáis nada. Solo coged un papel en blanco y contestad a esta pregunta. ¿Qué es para ti, escribir?

La pregunta, cuya respuesta, aparentemente, debía ser fácil, era más compleja de lo que parecía. Y ella, aun sabiendo que, en cierto modo, escribir es un verbo subjetivo, que no para todos significa lo mismo ni significa lo mismo en cada momento, hizo un intento de describir lo que para era escribir (o al menos lo que para ella era escribir). Y de un papel en blanco salió esto….

 

Escribir es explotar con palabras. Alzar la pluma como bandera. Es un romance con el lenguaje, un pacto con la semántica.

Escribir es la satisfacción de que alguien te lea. Es sonreir con letras y llorar con palabras. Es viajar por las nubes. Es soñar en secreto.

Escribir es dibujar nuevos mundos. Disfrazar el ahora. Persuadir el mañana. Inmortalizar el ayer.

Escribir es regalar esperanzas. Volver cuando estás perdido.

Escribir es soledad, es misterio cada noche. Es reinvertarse, despertar, renacer cada momento.

Escribir, son palabras que se clavan

Escribir es libertad….sobre todo libertad, disfrazada, eso si, de poesía de papel..

 

Cuando entregó su ejercicio, estaba llena de vida de nuevo, deseando empezar su próximo reto. ¿Quizás un poema con una palabra escondida? ¿Rimas marcadas? ¿Versos que empiezan por la misma letra? Si alguien osaba retarla ahora mismo, estaba dispuesta a intentarlo…. ¿alguien se anima? 🙂

Que vamos a hacer sin ti…

Que vamos a hacer sin ti. En este septiembre absurdo que olvidó comprar acuarelas para ir pintando papelillos y miel para aclarar gargantas. 

Que vamos a hacer sin ti. Cuando llegue octubre y no sumemos nuevos nombres de agrupaciones a nuestras mentes expectantes que buscan en cada nombre una pista de algún tipo indescifrable. 

Que vamos a hacer sin ti. ¿Cómo me como las castañas de noviembre escuchando coplas sin pensar en las siguientes?. Di, ¿cómo arranco la última hoja del calendario en diciembre llena de esos tachones rojos de ilusión que esperaban tus guitarras? A mi, que lo que más me gusta de la Navidad es saber que nos esperas tras la puerta… Dime, ahora, ¿qué vamos a hacer sin ti?

Que haremos sin ese enero disfrazado de febrero que resucita nuestro espíritu y pone a hervir nuestra sangre. Sin ese primer levantar del telón que alza también nuestras manos, nuestras almas, nuestras ganas, nuestra sonrisa… Sin las mágicas luces de tu teatro, ni el rugir del gallinero.

Qué haremos sin tus coplas en la distancia cuando la noche nos busca. Sin que rompas en soledad el silencio de nuestra casa. Sin las ojeras del lunes (y del martes, y del miércoles…) en el trabajo (si ni trabajo tenemos). Sin el pellizco de tu pluma.

Qué haremos sin esa ironía canalla del pasoble chirigotero, ni esos poemas eternos de tus comparsas. Sin tus tangos de ilusiones ni tu parodia entre risa. Sin pasacalles benditos, chivatos del tipo antes de tiempo. Sin los cuchillos que cortan el aire que respiramos.

¿Que haremos Cádiz, qué haremos?. Sin tus calles disfrazadas en febrero…

…y se escuchó una voz….

 

…NO QUEJARSE QUE ESTE AÑO NOS LO HEMOS LLEVADO AL CIELO     

(y algo os dejaremos ;))

Cuento rápido. La Flor

Pedro llegó aquella mañana cabizbajo, con la mirada perdida, como triste. El maestro se percató de ello al instante, ¿cómo podía estar aquel niño vivaracho y feliz tan triste aquella mañana? No pudo evitar preguntarte

-Pedro, ¿te pasa algo? ¿estás triste esta mañana?

-Sí maestro, respondió el pequeño con la cabeza agachada.

-¿Y podrás contarle a un viejo que te pasa?

-Pues que descubrí que el mundo es malo, muy malo.

-¿Y cómo es que has descubierto eso, Pedro?

-Esta mañana, al levantarme, oí a mi padre decir que había pasado algo y había muerto mucha gente. También vi a mi hermano llorar mientras le contaba a alguien por teléfono que había pillado a su novia con alguien, no sé muy bien lo que significa eso pero debe ser malo porque él lloraba mucho. Mamá habló con una amiga que le contaba que su marido le había pegado. En la radio decían algo de un cambio en el mundo que estaba haciendo que muchos animales desaparecieran y de camino al cole vi como un hombre malo le pegaba a un pobre perro, y como otro sucio y tirado en el suelo pedía dinero para comer y nadie le hacía caso. Ya sé porque mis padres dicen siempre eso de “calla, que no se entere el niño que luego tiene pesadillas”…no quiero ni imaginarme todas las cosas más que habrá en el mundo que ni siquiera me habrán contado…

El maestro, preocupado, miró por la ventana y vio como los campos de alrededor del colegio seguían tan sucios como siempre, pero cogió a Pedro de la mano y le pidió que le acompañase. Una vez fuera le dijo.

-¿Ves todo esto?

– Claro que lo veo, decía Pedro, otra cosa más mala en el mundo, la gente mala que ensucia el campo y no deja que los animalitos vivan tranquilos.

-Mira bien Pedro, allí, en el centro – indicó el maestro señalando una hermosa flor.

-¡Es una flor! – exclamo Pedro.

-Ves Pedro, hasta en la basura crecen las flores. Y son esas flores las que hacen que merezca la pena vivir.

Pedro frunció el ceño y observó de nuevo a la flor.

-Pero morirá entre tanta basura – dijo.

El profesor sonrió, se acercó a la flor, sacó una bolsa de su chaqueta y empezó a recoger la basura:

-No si otra flor la rescata y cuida de ella….

El pequeño sonrió también y ayudó al maestro a recoger la basura.

Ese día Pedro soñó con campos llenos de flores que desafiaban al mundo.

¿Qué es poesía?

¿Qué es poesía? dices mientras clavas

en mi pupila tu pupila azul

¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?

Poesía… eres tú

 

Estos versos quedaron grabados a fuego en mi memoria (al igual que muchos de Bécquer que devoré cuando ni sabía de la existencia de la poesía. Con ellos la conocí, sin más, y fueron el detonante de mi amor por la poesía. Los culpables de tantos de mis poemas…

He intentado definir ese tú en muchas ocasiones, pero el tiempo me ha enseñado que ese tú…podría ser cualquier cosa…

Tus ojos. El sol al despertar por la mañana. El viento de levante en las azoteas de la ciudad bendita que siempre llevo en el alma. El mar de Málaga. Las calles de Grazalema. Eso y más, podría ser ese tú. Pues la poesía está en todas partes o, mejor dicho, en todas partes de quien sepa mirar más allá de lo que ven los ojos.

Yo siempre digo que los detalles son los que hacen grandes los momentos. Pues en esos detalles, está la poesía.

Y podría seguir y seguir intentando hablar de ella, y no lo conseguiría, porque resulta bastante complicado expresar con palabras lo que es la poesía, lo que significa la poesía. Yo creo que es porque, en realidad, la poesía es algo subjetivo (cada cual tiene su propio concepto de la poesía o su propia definición de aquello que puede convertirse en poesía) que solo con poesía puede explicarse, y es sólo ella quien puede explicarse a sí misma. Seguramente de nada serviría una parafernalia de letras y frases hablando de ella que darían lugar, posiblemente, a un sin sentido abrumador, no sólo para el lector sino también para el yo que intenta expresarse.

Por eso hoy, hablando de poesía, me apetecía compartir con vosotros estos versos de Lorca , que forman parte del poema «Sobre un libro de versos» (recogido en Poemas inéditos de juventud), porque creo que hablan muy bien de la poesía y del poeta y porque, está claro,  que nada mejor que uno mismo para defenderse. Espero que os gusten 🙂

¡Qué pena de los libros
Que nos llenan las manos
De rosas y de estrellas
Que se esfuman y pasan!
¡Qué tristeza tan honda
Es mirar los retablos
De dolores y penas
Que un corazón levanta!

Ver pasar los espectros
De vidas que se borran,
Ver al hombre desnudo
En Pegaso sin alas,
Ver la Vida y la Muerte,
la síntesis del mundo,
Que en espacio profundo
Se miran y se abrazan.

Un libro de poesías
Es el Otoño muerto.
Los versos son las hojas
Negras en tierras blancas,
Y la voz que lo lee
Es el soplo del viento
Que hunde en los pechos
–Entrañables distancias–.

El poeta es un árbol
Con frutos de tristeza
Y con hojas marchitas
De llorar lo que ama.
El poeta es el médium
De la Naturaleza
Que explica su grandeza
Por medio de palabras.

El poeta comprende
Todo lo incomprensible
Y a cosas que se odian
Él hermanas las llama.
Sabe que los senderos
Son todos imposibles
Y por eso en lo oscuro
Va por ellos con calma.

En los libros de versos,
Entre rosas de sangre,
Van desfilando tristes
Y eternas caravanas
Que hirieron al poeta
Que lloraba en la tarde,
Rodeado y ceñido
Por sus propios fantasmas.

Poesía es Amargura,
Miel celeste que mana
De un panal invisible
Que fabrican las almas.

Poesía es lo imposible
Hecho posible. Arpa
Que tiene en vez de cuerdas
Corazones y llamas.

Poesía es la vida
Que cruzamos con ansia
Esperando al que lleve
Sin rumbo nuestra barca.
Libros dulces de versos
Son los astros que pasan
Por el silencio mudo
Al reino de la Nada,
Escribiendo en el cielo
Sus estrofas de plata.

¡Oh, qué penas tan hondas
Y nunca remediadas,
Las voces dolorosas
Que los poetas cantan!

Como en el horizonte
Descanso las miradas.
Dejaría en el libro
Este, ¡toda mi alma!